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Apología de los intensos

por Martín Ventola (Emprendedor del DeROSE Method en Bariloche)

Los intensos son una clase incomprendida y muchas veces malinterpretada. A veces tildados de obsesivos o fanáticos, a mí me encantan. No todos, claro, porque el futbolero que intenta transmitirme su pasión sin interpretar mi apatía me incomoda un poco. Es el caso de una persona sin tacto, que es el tema de otro artículo (“Indelicados, ¿de dónde vienen, y por qué me hablan?”).

Los intensos son personas apasionadas, que sienten emociones fuertes por lo que sea. Da lo mismo si es filatelia o hurley, la pasión no reconoce límites y trasciende fronteras, etnias e idiomas. Lo más lindo es cuando en una persona se combinan intensidad y carisma, y a lo mejor, me puede emocionar con la legendaria formación de Boca del ’43. ¿A quién no se le dibuja una sonrisa en el rostro cuando le cuentan que un tipo que se llamaba Sarlanga metió dos goles faltando quince minutos del final del partido? Sar-lan-ga.

Admiro a la persona que logra combinar su profesión con el objeto de su pasión. Sin dudas, ese va a tener éxito, sea contador, abogado o maquinista de tren. Yo prefiero que mi dentista sea un obsesivo dental, de esos que viajan por el mundo para conocer las últimas tecnologías de su campo, estudian la incidencia histórica de caries cuando el austrolopithecus cambió de dieta y miran videos de extracciones mientras almuerzan. Ese es el dentista que me gusta.

"Yo prefiero que mi dentista

sea un obsesivo dental."

Elijo un fanático toda la vida antes que a su opuesto. Lejos de ser un tipo común y silvestre, el opuesto de un fanático es un gris. Al gris le da todo medio lo mismo. Siempre está más o menos bien, y va a cumplir su función dentro del límite mínimo de los parámetros estandarizados y aceptados por la comunidad gris donde se vive. El entrenador del gimnasio que te da una fotocopia -medio gastada- con la cantidad de repeticiones de cada ejercicio sin siquiera mirarte o escuchar tus aspiraciones olímpicas no está transmitiendo pasión por el fino arte de la musculación, está apenas respirando mientras espera cumplir la edad para jubilarse.

Hay algunos ámbitos que están a salvo de los grises. Cuando nos subimos a un vuelo de línea, el piloto va a seguir obsesivamente un checklist de más de cien ítems, y, si alguno llega a fallar, no da lo mismo. ¡Por suerte! No vaya a ser que nuestras vidas dependan de cuán apasionado esté el piloto por la suya.

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