A cada emoción le corresponde un tipo de respiración

Tal vez ya habrás percibido que cada impulso emocional tiene su respiración característica. Por ejemplo, cuando algo nos asusta la respiración se corta; cuando ese susto se extiende en el tiempo, convirtiéndose en inquietud nerviosa, la respiración se acelera, se agita. Y si la amenaza ya no existe y podemos estar tranquilos, la respiración se hace más lenta y amplia (o como cuando suspiramos aliviados).

Así como las emociones alteran el ritmo respiratorio, el camino inverso también se aplica: modificando el ritmo respiratorio, interferimos en el mecanismo emocional.

Pero revertir la dirección en la que se da ese mecanismo implica una intervención voluntaria sobre impulsos involuntarios.

Digamos que el circuito habitual es instinto, emoción, raciocinio, y lo que tenemos que lograr es recorrer ese circuito en el sentido inverso.


Para entenderlo mejor, imaginemos qué pasa si tocamos accidentalmente algo muy caliente, por ejemplo, una pava con agua hirviendo. Ni bien la tocamos, el cerebro recibe el estímulo “amenazante, peligroso” e instintivamente, es decir por reflejo y sin pensarlo, nos hace sacar la mano lo más rápido posible; en seguida crece una sensación desagradable, nos duele, nos sentimos mal, y eso deja un recuerdo en la memoria para que no repitamos esa experiencia peligrosa la próxima vez.

Así nacen los condicionamientos: recuerdos desagradables o placenteros, reforzados por la repetición de aquellos estímulos que interpretamos como amenazantes o no (es como el famoso dicho popular: “el que se quema con leche, cuando ve una vaca, llora”). Solo después empezamos a “sacar conclusiones” al respecto; allí interviene el pensamiento racional, que nos da explicaciones del tipo “oh, siempre me pasa lo mismo”, o “qué torpe que soy”, o bien “no debí tocar eso”.

Nótese que esos pensamientos están directamente influenciados por la emoción generada previamente, que a su vez surgió del estímulo inicial.

Del libro Respiración e Inteligencia Emocional de Daniel Fersztand